"Alrededor de La Aduana"
Casa La Aduana

La Aduana es uno de los pueblos más viejos en el estado de Sonora, Mexico. Se fundó en los mediados del siglo 16º como producto secundario de la famosa expedición de Coronado de 1540. Coronado, enviado por el Virrey Mendoza a comfirmar los rumores de las "7 ciudades de Cíbola" cuyas calles tenían pavimento de oro, acampó el invierno de 1540-41 en las área de La Aduana. La Aduana, una área de belleza natural y de riqueza mineral, era un oasis natural con abundante agua, flora y fauna. Además, vetas grandísimas de plata se descubrieron en los cerros que rodean el pequeño pueblo. En poco tiempo La Aduana se hizo un pueblo bullicioso con la distinguida y famous mina, "La libertad de Quintera."
A pesar de su ubicación tan remota, y debido a las riquezas de sus minas, La Aduana se convirtió en un pueblo de una población de 5000 personas. La Vida colonial fue dura y peligrosa. La químicas toxicas empleadas en el refinar de la plata y oro severamente afectaron la salud de los obreros y los residentes del pueblo. Sin embargo, La Aduana presumió de mejoras modernas y ciertas amenidades durante cada uno de los tres siglos de su historia. Las ruinas y las rélicas dejadas nos mustran el esplendor que existía al lado de la tristeza y pobreza que iba a ser su realidad en el siglo XX.
Despues de casi 400 años de producción de plata y oro, la doble realidad de la política y la economía Mexicana, los modo obsoletos de extracción, el valor deflado de plata en todo el mundo, y el acercar de una revolución política y social sirvieron a parar las minas en La Aduana. Cerraron las minas en 1906 despues de una serie de huelgas largas y violentas. Ocupantes ilegales y piratas saquearon y destruyeron la mayoría de las minas y el pueblo mismo. Ocuparían una casa y cuando se decompuso por falta de atención y mantenimiento la dejaría por otra. Lo que ladrones, saqueos por indios, y guerra civil no destruyeron, tiempo y la Naturaleza cumplieron. Por el año 1950, quedó sólo una memoria del pueblo y las minas. Los intentos a reabrir las minas fallaron miserablemente. En 1978, 10 años despues de haber abandonado por completo todos intentos, La Aduana se otorgó como "ejido" a los pocas familias que habían trabajado sin pago a reabrir las minas y a los ocupantes ilegales.
En los 1990's, un nuevo plan de regularización de los ejidos se comenzó. La Aduana se encontraba en una pobreza triste.

No obstante, lo que era triste centro minero ahora tenía un futuro y presente más atractivo. Los terrenos alrededor de La Aduana y el pueblo mismo habían reposado casi un siglo desde los últimos días de las minas, sin contaminación. Se había restaurado su sistema ecológico delicado. Hoy en día, La Aduana ofrece al entusiasta de la Naturaleza una experiencia singular como un doble ambiente donde el Desierto de Sonora choca y se solapa con la selva de Sinaloa por una breve área de 16 kms. Flora y fauna genéricas a ambas sistemas ecológicas se encuentran en La Aduana y sus alrededores. Singularmente a desierto por ocho meses al año de Octube a Junio y una selva húmeda de Julio a Septiembre una variedad grande de pájaros, pericos, insectos, víboras, lagartos y animales y plantas se encuentran en la área. Se entrecruzan muchos senderos y caminos de terracería que están claramente señalados. Aunque los desiertos son áridos y extremamente secos, La Aduana recibe casi un metro de lluvia por año, tiene abundancia natural de agua, y está verde todo el año---por eso su fama como "oasis." Esto contrasta con lo demás del Sur de Sonora. La Aduana, rodeado como es con cerros altos, unos que alcanzan a 1500 metros sobre el nivel del mar, goza de un clima mucho más temblado que la de la ciudad de Álamos que apenas está a 5 kms. con temperaturas que raramente suben arriba de 39ºC. Asimismo, goza de un invierno muy agradable en que nunca tiene heladas. Las temperatura promedian en el invierno de 22 a 28ºC. Cielos azules y despejados es la regla aquí. Lluvias cuando se caen se restringen a los monzones del verano de Julio a Septiembre y a las equipatas que vienen por la noche en invierno.
En pocas palabras, La Aduana a muchas personas es un paraíso. ¡Es un lugar mágico, tranquilo y muy especial!
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